Sustos, de esos que tienes la sensación que se te saldrá el corazón del pecho, que está a punto de darte un infarto, cuando el corazón te va a mil por hora y no puedes hacer nada para pararlo, esa sensación que no se va, que tarda muchísimo en irse, cuando hasta la mejor película de miedo parece ser un juego de niños, sí, sustos de verdad.
Pero después de un buen susto, cuando sientes ese alivio al recordar que solo fue eso, un susto, es incomparable ese estado de calma, incluso la risa que puede llegar a causar al recordarlo, siempre y cuando fuera un buen susto.
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